
Desde el día en que los muertos se levantaron para caminar por las tinieblas del mundo antes llamado de la luz, las almas que se salvaron de la venganza de la parca moran por las tinieblas escondiéndose y tratando de permanecer ocultas a los ojos de los hijos de la muerte. La falta de esperanza los llena como si les hubiesen introducido agua por un embudo hasta la muerte como si del medievo se tratara.
En la montaña desde la que podían divisar la hermosura a la vez trágica de los restos del fin de lo que habían conocido, intentaban atisbar un átomo de esperanza para el futuro, pero lo único que adivinaban a ver era la negrura infinita de su destino.
Ese era su día a día.
Esperaban algo.
Esperaban a alguien.
No sabían qué esperar.


